COSAS DE PYMES

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Resumen

Por la acción y la omisión de diferentes actores, entre los que nos encontramos, por supuesto en primer lugar los propios economistas, la economía, las ciencias económicas y los economistas como colectivo en general, no gozan de lo que se dice “una buena imagen”. De hecho, en mi opinión todo este mundo de la economía es un gran desconocido y, sin pretender ser un estudio exhaustivo de esta materia compleja, en este breve artículo quisiera aclarar algunos conceptos básicos a partir de los cuales se pueda asentar la discusión de diversos temas.

Según la RAE, economía es:

  1. f. Administración (la acción y efecto de administrar) eficaz y razonable de los bienes.
  2. f. Conjunto de bienes y actividades que integran la riqueza de una colectividad o un individuo.
  3. f. Ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos.
  4. f. Contención o adecuada distribución de recursos materiales o expresivos.
  5. f. Ahorro de trabajo, tiempo u otros bienes o servicios.
  6. f. pl. Ahorros mantenidos en reserva.
  7. f. pl. Reducción de gastos anunciados o previstos.

He escogido la definición de la RAE porque es la de uso cotidiano que aplicamos, o deberíamos, en la vida diaria. De ella destaco que tiene las acepciones de administración (1), de conjunto de bienes y actividades (2) y de ciencia (3).

Es destacable el hecho de que hablamos de administración de recursos de todo tipo, no sólo monetarios. Entre estos recursos se incluyen algunos bastante etéreos e intangibles como el tiempo (probablemente el bien más escaso y absolutamente irrecuperable) o la justicia (entendida como la actividad de impartición de la misma, no como el concepto de justicia en sí, que toca a los jueces). Cuando administramos un bien, siempre debiera tenerse claro si hemos obtenido un beneficio superior a lo invertido. Lo llamamos rentabilidad y según esta sea negativa o positiva podremos asegurar que fue eficaz y razonablemente bien administrado el recurso o no. Es objetivo y se explica con matemáticas.

Cuando hablamos de economía en términos de colectividad, por regla general se trata de macroeconomía (países, regiones, mundo) y cuando hablamos en términos individuales nos referimos a microeconomía (empresas y personas, entidades económicas en general).

A la economía se le designa como ciencia, que según la RAE es un “Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.”

En resumen, la economía como objeto de estudio es una actividad en la que administramos los recursos de todo tipo para rentabilizarlos, no necesariamente en términos monetarios. Y como ciencia es una disciplina que, mediante conocimientos obtenidos a través de la observación y el razonamiento estructurados sistemáticamente, deduce principios y leyes, con capacidad predictiva y susceptible de comprobación.

Detesto las definiciones grandilocuentes como esta porque, al menos para mí, es fácil perderse en ellas, por esp he puesto a cada una de ellas vínculos para una mejor comprensión. Pero básicamente he querido resaltar lo que no es la economía:

  • No es algo opinable o subjetivo sino sistemático que se basa en principios y leyes perfectamente establecidas.
  • No es un medio de adivinación o algo esotérico, las predicciones fallan por errores en el análisis de sus elementos, en ocasiones deliberados, y por la gran complejidad de de tales elementos y factores. No tenemos una bola de cristal,
  • No es algo lejano, accesorio e intrascendente por inútil. Es como el agua para los peces, no la vemos porque estamos completamente sumergidos en ella a todos los niveles, aunque no nos demos cuenta, y por lo tanto tiene contacto permanente con nosotros, lo que somos y lo que poseemos.
  • No es fácil, no es intuitiva, no es improvisada y desde luego, no es algo para ser utilizado caprichosamente. Es compleja, rigurosa, sistemática y afecta a todo de una forma u otra. Todo está económicamente interconectado.

Y ahora la gran pregunta: Si esto es así, y lo es. ¿Por qué tenemos la impresión de que la economía falla, es lejana y no me sirve personalmente para nada? En mi opinión, la respuesta es una suma de factores, empezando por el citado ejemplo del agua y del pez, de los que uno es más lamentable que el otro. Comenzaré haciendo autocrítica:

  • Los economistas. Pertenezco a este colectivo y somo responsables de determinadas conductas, unos por acción, otros por omisión. En mi opinión, lo cierto es que no hemos sabido divulgar la seriedad y rigor que transmiten otras ciencias, otras profesiones y tenemos un largo camino por recorrer en este sentido.
  • La enseñanza media y superior. He sido también profesor en diferentes facultades. En general, no se enseña con el suficiente rigor desde hace décadas y lamentablemente no es una particularidad de una región o país. Desde que yo era estudiante, e insisto en que de eso hace décadas, los estudiantes indecisos y sus padres ya asumían este campo del conocimiento como “relativamente fácil” apto para “indecisos” pero con “mucha salida”. Y es cierto, por sus características propias, es relativamente fácil terminar una carrera de ciencias económicas, pero qué difícil es terminarla bien y con rigor. No hemos sabido trasladar a la opinión que la economía es un tema extremadamente serio, riguroso y con gran complejidad.
  • La enseñanza básica, donde frecuentemente ni siquiera se menciona y los niños se convierten en adultos sin desarrollar una cultura económica, ignorando conceptos como impuestos, cuenta corriente, deuda, déficit.
  • La política de todo pelaje. Los políticos, de todos los partidos e ideologías, en la inmensa mayoría de los países, la han utilizado sin el menor reparo ni rubor como arma, manipulando la interpretación de datos, cuando no los propios datos, para reforzar sus ideas y así descalificar al contrario omitiendo y despreciando todas sus cualidades de ciencia.

Y, en consecuencia, tenemos como sociedad la idea de que la economía es un instrumento inútil que pretende sin éxito adivinar el futuro, busca explicar los errores y la usa cualquiera para cualquier fin porque en ella cabe todo. Esto no es así.

Hasta aquí mi opinión. Asúmase como lo que es, una opinión que puede ser compartida y complementada o no compartida y contradicha, pero creo que debería ser discutida ampliamente.

Para terminar este primer post de la serie, propongo un ejercicio de imaginación que, frecuentemente, expongo en dos partes:

Primera parte. Imaginad que una persona quiere conocer su estado de salud y acude al médico. Éste le practica una serie de pruebas y analíticas y al interpretarlas llega a la conclusión de que tiene una salud razonable para sus 50 años. No tiene nada serio de qué preocuparse, pero debe llevar una serie de rutinas saludables (hacer ejercicio, mantenerse en un peso adecuado, comer vegetales) y evitar los típicos vicios y malas prácticas (debe limitar grasas y alcohol, no fumar, etc). El paciente dice que por supuesto y que, de hecho, ya lo hace. Ante eso, el médico le felicita y le anticipa que de seguir así, le augura una larga vida. Al salir de la consulta al paciente lo atropella un autobús y muere. ¿Podemos acusar al doctor de mentir y no conocer su oficio porque no adivinó el futuro?

Segunda parte. En el mismo ejemplo, el paciente, que había mentido sobre su pasado, como se sabe sano se dedica a beber alcohol y comer grasas sin medida, a fumar en una vida sedentaria en la que el ejercicio no tiene cabida porque “nunca le ha hecho daño”. Un tiempo después se le detectan a este paciente una serie de enfermedades graves. ¿Podemos culpar al médico por decir que estaba sano?

Ahora cambiemos al médico por un economista y al paciente por una empresa que le pide consejo o una valoración de su situación actual, cambiemos el autobús por una crisis, como una guerra, o cambiemos los hábitos irresponsables por prácticas empresariales o gerenciales inadecuadas.

Los economistas deberíamos de actuar como hacen los médicos y aprender de sus aciertos, asumiendo conductas y prácticas que, como las de éstos, hagan ver al paciente -cliente/negocio- que lo que estudiamos y el ejercicio de nuestra profesión y oficio funciona porque hacer las cosas bien no es cuestión de suerte, sino de hacerlas bien.

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