COSAS DE PYMES

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Resumen

Cuesta mucho, siempre. El concurso conlleva una serie de gastos ineludibles que, por supuesto, son siempre una carga importante, especialmente para un negocio que está en crisis y es insolvente. Por eso nunca se hará suficiente énfasis en la importancia de evitarlo a toda costa y para eso es vital detectar las señales de que se aproxima. Pero hay un hecho importante más que muchos pasan por alto: es costoso para el deudor que lo presenta, pero también para sus acreedores, aún más si cabe.

Veamos en primer lugar los costes para el deudor de un concurso de acreedores, es decir, para el negocio que lo presenta por encontrarse en insolvencia:

Coste económico:

  • Necesita abogado y procurador. Estos no tienen una tarifa única y depende de lo que negocie con su abogado de confianza. Por favor, confianza no sólo implica honradez y capacidad, también experiencia en temas mercantiles y, especialmente, concursales.
  • Se recomienda tener un economista versado en este tema. No hay que perder de vista que el procedimiento judicial en realidad lo que hace es darle marco a un proceso económico, especialmente si existe posibilidad de continuar la actividad para que el negocio sobreviva. Sus honorarios se negocian como con los abogados y le sugiero lo mismo en cuanto a experiencia. En ocasiones, el propio abogado contrata o tiene en su equipo un economista.
  • La administración concursal cobra al concurso, podríamos decir al concursado, y no es barata. El importe de sus honorarios se determina por arancel, sancionado -supervisado y autorizado- por un juez según la Ley Concursal, Libro I, Título II, Capítulo II, Sección III: De la retribución (de la administración concursal). Su cálculo es complicado y depende de una serie de factores como el importe de la deuda, de los bienes, de los trabajadores, de las sucursales, entre otros, así que es imposible dar una idea sin datos específicos de cada caso. Pero créame: es costoso.
  • Frecuentemente hay gastos colaterales, por ejemplo, en caso de que los administradores requieran asesoría jurídica adicional por existir controversias sobre su responsabilidad.

Coste reputacional. La reputación del negocio, de sus propietarios, de sus administradores y/o de sus gerentes casi inevitablemente se ve afectada desde los puntos de vista social, comercial y crediticio, entre otros posibles. Esta es una realidad tan dura como incontestable.

Coste emocional. Aunque es muy obvio, el procedimiento implica un gran estrés y desgaste emocional para todos los involucrados, tanto directos (trabajadores, administradores o propietarios) como indirectos (familiares y amigos).

Pero también el acreedor tiene costes que, según el importe de la deuda no cobrada, van desde prácticamente nada si es muy poco (20€ por ejemplo) hasta poner en riesgo el negocio entero si el importe es muy elevado, en cuyo caso puede entrar en un proceso similar al del propio concursado. Pero, sin ser catastrofistas, enfoquémonos en lo puramente económico. Listemos los costes de menor a mayor importancia.

  • En principio, su quebranto (pérdida) puede ser como máximo hasta por el importe de la deuda. En otras palabras, sólo puede perder el importe de lo que le deben, poco o mucho. El problema es tan serio como la repercusión en el día a día y llega a ser un golpe serio a su tesorería, especialmente en micronegocios. En estos casos reclamar la deuda judicialmente podría ser un caso en el que “el collar vale más que el perro”, porque aunque el monto de la deuda sea importante para usted, podría ser mayor el coste de reclamarla.
  • Las cosas se complican aún más cuando la deuda tiene una dimensión más importante. Es posible que por 2.500€ no interese hacer una reclamación judicial, pero ¿y por 75.000€? Pues depende de muchas cosas, así que como mínimo es aconsejable pedir consejo legal. Aquí el “perro” pude que valga ya más que el "collar”
  • ¿Y si la deuda tiene garantías? Hay casos en que un crédito se garantiza con bienes o avales. Las cosas se complican y hay que hacer ya otras valoraciones.

No seguiremos profundizando desde el punto de vista del acreedor porque la casuística es interminable, lo único que sí quiero insistir es que es un tema para analizarlo con tranquilidad en cualquier caso y valorar detenidamente las opciones.

Como corolario: Si consideramos que un concurso es como una enfermedad grave, aunque con frecuencia se manifiesta repentinamente lo usual es que se vaya desarrollando lentamente y de forma oculta. Por supuesto: lo ideal es atajarlo antes de que se manifieste, pero si la amenaza -o realidad- ya está aquí, lo hecho, hecho está y hay que valorar las opciones, sea deudor o acreedor para minimizar las pérdidas que indudablemente se presentarán.

Antes del concurso hay opciones:

Para el deudor (todos somos "posible concursado"):

  • Revisar su contabilidad, especialmente las cuentas de gastos, clientes y deudores.
  • Revisar sus resultados y las causas objetivas de sus problemas y de sus éxitos, para evitar los primeros y repetir los segundos.
  • Atender los problemas, no evitarlos y dejar que se “pudran”
  • Calcular sus costes, por simple que sea su sistema o actividad, hágalo.

Para el acreedor

  • Valore sus clientes y el riesgo crediticio que representan, a menos que venda estrictamente al contado y no tenga cobros atrasados.
  • Mantenga un contacto permanente con el cliente con saldo alto y periódico con clientes con saldos de medianos a bajos.
  • No dé crédito sin investigar seriamente a su cliente.
  • Si detecta indicios de insolvencia, no se corte, pregunte.
  • Si es necesario, negocie antes del concurso, después todo será peor.

Siempre es mejor prevenir que remediar.

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